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CALIFORNIA'S
CENTRAL VALLEY
Migrant Photography Project (MPP) is located in Tulare County in
The California Central Valley. The local slogan is "We're Number
One." And it is true, Tulare County is the number one producer
in the state in most every category of agricultural product. It
is also "Number One" in the production of many agricultural
and dairy products in North America.
The California Central Valley is huge. It covers the center of
the state from the Sacramento Delta in the north into Northern Mexico
in the south. It varies in width from 60 to 120 miles. Historically
numerous nations and groupings of indigenous peoples occupied this
area.
Today, total yearly production in the Central Valley is upwards
of 20 billion dollars. With its vast tracts of cultivated land,
agriculture, as we know it today, began with the missions of the
Catholic Church, which used the labor of converted indigenous peoples
to make the missions viable. This process was greatly accelerated
in the later part of the 19th century when large landowners hired
peoples from the area of Mexico and the imported male laborers from
the Asian countries of the Philippines, India, China and Japan.
These laborers cleared more land, drained the vast swamps and marshes
and lay the physical foundation of what is now the Central Valley.
Agriculture is big business. Indeed, the term agriculture is no
longer a valid term. The correct term is agribusiness. Corporations
own huge tracts of land. Agribusiness is a spin-off of the oil industry.
The fertilizers, fungicides, pesticides, herbicides used are all
by-products of the refining of oil. In truth, the land is no longer
alive. No microneutrients live there, no tiny members of the animal
kingdom mulch, burrow, leave deposits that make humus and productive
soil. Bees are imported at the proper season for pollination. The
land is a semi-desert and has become a medium for chemical products.
Irrigation is absolutely necessary. The slogan, "Food grows
where water flows," is right on target. Increasingly, genetically
modified (GM) seeds are being planted.
Contract labor bosses make agreements with the manager of these
lands to provide labor to prepare the land for planting, to plant,
to tend the crops, to harvest, to clean up. Labor is primarily of
Mexican origin, with fifty plus percent being without papers. Minimum
wage is $6.75 an hour.
Labor contractors notify workers the night before of their employment
the next day. Many do not have vehicles and thus meet at a specified
point and are taken to the fields in old school buses or in vans.
Safety regulations are virtually non-existent. No seatbelt laws,
for example. When accidents occur, they are frequently fatal, as
the one west of Fresno of tomato workers that took the lives of
13 field laborers.
The conditions of labor have improved greatly due to the organizing
efforts of the United Farm Workers (UFW) and in most recent years
by the Teamsters. Child labor is no longer legal and portable potties
are provided at the job site, for example. Health care, working
conditions, pesticide pollution, just wage, equal wages for males
and females remain issues. Often, couples will work together in
the field, with the labor contractor paying the man the wages for
both.
Underlying the labor situation is its seasonal nature, which reflects
the planting and harvesting patterns of each crop. When there is
work, an individual may work eight hours, but more likely will work
six hours. It depends on the ability of the labor contractor to
make agreements with the landowners. At minimum wage, seasonal labor
will not sustain a family, even with each adult working and all
living in very sub-standard housing.
The problem of continuous employment for field labor is not one
that has been seriously addressed. With a continuous supply of surplus
of labor, there is no strong impetus to do so. Labor markets are
exclusive. In most cases those who work in the fields find employment
only in the fields. It is difficult to obtain work when field labor
is not available. Generally those who work in packinghouses and
restaurants work only in packinghouses or restaurants.
Obtaining employment in packinghouses is difficult. Temporary employment
agencies now provide workers. This is a way to screen labor and
also a way to keep labor on the move, as a worker may work at one
facility today and another tomorrow. But, as with labor in the fields,
hours vary with the season and the crop. During the busy harvest
times, commonly workers pull twelve to fifteen-hour shifts.
Women working in the fields, packing houses, or restaurants have
a second job: domestic labor upon returning home. Women have the
responsibility of cleaning, buying and preparing the food, cooking,
washing, and taking care of the children and their husbands. They
may also have extended family care responsibilities.
With respect to children, the mother is both cultural transmitter
and child-care provider. She is responsible for her children's success
in the formal educational system. She is often greatly distressed
by this responsibility, for her ability to help the children may
be limited by lack of literacy in English, and perhaps also in Spanish.
She herself has not been socialized to deal with the North American
educational system with its many demands. Communication and nurturing
her increasingly Americanized children is a major challenge.
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EL VALLE CENTRAL
DE CALIFORNIA
El Proyecto Migrante de Fotografía está
ubicado en el Condado de Tulare en el Valle Central de California.
El lema local es "Somos el Número Uno". Y es
verdad. El Condado de Tulare es el productor número uno
del estado en la mayoría de los productos agrícolas.
También es el "Número Uno" en todo Norteamérica
en cuanto a la producción de muchos productos lácteos
y agrícolas.
El Valle Central de California es inmenso. Abarca la parte central
del estado desde la Delta de Sacramento en el norte hasta el Norte
de México hacia el sur. El Valle varia en lo ancho desde
los 60 millas hasta los 120 millas. A través de la historia,
numerosas naciones y grupos indígenas vivieron en esta área.
Hoy día, la producción total anual en el Valle Central
alcanza más de 20 billones de dólares. Con sus amplias
extensiones de tierra cultivadas, la agricultura, como se conoce
hoy, comenzó con las misiones de la Iglesia Católica,
la cual utilizó la mano de obra de los neófitos indígenas
para hacer viable las misiones. Este proceso se aceleró a
fines del Siglo Diecinueve cuando grandes hacendados emplearon a
personas de México e importaron trabajadores masculinos desde
los países asiáticos como las Filipinas, la India,
la China y Japón. Estos trabajadores limpiaron más
tierra, desecaron pantanos y ciénagas, y echaron los cimientos
de lo que ahora es el Valle Central.
La agricultura es un negocio grande. De hecho, el vocablo "agricultura"
ya no es una expresión válida. La palabra más
apropiada sería "negocio agrícola". Las
corporaciones son dueños de grandes extensiones de tierra.
El negocio agrícola es un efecto de la industria petrolera.
Los fertilizantes, fungicidas, insecticidas y herbicidas que se
usan son todos derivados de la refinación del petroleo. En
verdad la tierra ya no tiene vida. En ella ya no viven micronutrientes
ni existen pequeños miembros del reino animal que cubren
con estiércol y paja ni se amadrigan ni dejan depósitos
que hacen que el humus y el suelo sean productivos. En la temporada
apropiada las abejas se importan para la polinización. La
tierra es un semi-desierto y se ha convertido en medio para los
productos químicos. Es absolutamente necesario el riego.
El dicho "La comida crece donde corre el agua" lo define
bien. Cada vez más se siembran semillas genéticamente
modificadas.
Los contratistas laborales se ponen de acuerdo con los encargados
de estas tierras para proporcionarles la mano de obra para preparar
la tierra para la siembra, cuidar los cultivos, cosecharlos y limpiar.
La mano de obra es principalmente de origen mexicano, siendo indocumentados
más del 50 por ciento de estos trabajadores. El sueldo mínimo
es de $ 6.75 (dólares americanos) por hora.
Los contratistas avisan a los trabajadores la noche anterior para
el trabajo del día siguiente. Muchos no tienen automoviles
y por eso se reunen en un punto específico para viajar a
los campos en viejos autobuses escolares o camionetas del tipo "van".
Medidas de seguridad prácticamente no existen, como las leyes
relacionadas con el uso de los cinturones de seguridad. Cuando suceden
accidentes, con frecuencia son fatales, como el que ocurrió
al este de Fresno, en que 13 trabajadores murieron en camino a los
campos de jitomate.
Las condiciones de trabajo se han mejorado mucho debido a los esfuerzos
de la Unión de Campesinos (United Farm Workers) para organizar
a los trabajadores del campo, y recientemente de parte de los Teamsters
(un sindicato). Por ejemplo, ya no se permiten trabajar a los niños
y los baños portátiles se proveen en el trabajo. Los
asuntos que aún quedan pendientes son: el cuidado de salud,
las condiciones de trabajo, la contaminación por medio de
los insecticidas, el sueldo justo y sueldos iguales para las mujeres
y los hombres. Con frecuencia, los esposos trabajan juntos en el
campo y el contratista paga al hombre el sueldo de ambos.
La situación laboral está sujeto a la naturaleza
temporal de la misma, la cual refleja las normas de siembra y de
cosecha para cada cultivo. Cuando hay trabajo, un campesino puede
trabajar ocho horas, pero es más probable que trabaje seís.
Depende del acuerdo entre el contratista y los dueños de
los campos. Ganando el sueldo mínimo, el trabajador de temporada
no puede mantener una familia, aún cuando cada adulto de
la familia esté trabajando y todos estén viviendo
en viviendas de calidad inferior a lo establecido.
El problema de la falta de empleo constante para el campesino es
un asunto que no se ha tomado en cuenta seriamente. Con una demasía
de mano de obra, no hay incentivo para tratar el asunto. Los mercados
de empleos son prácticamente exclusivos. En la mayoría
de los casos, los que trabajan en el campo sólo encuentran
trabajo en el campo. Es difícil conseguir trabajo cuando
no hay trabajo disponible en el campo. Y por lo general, los que
trabajan en los empaques y los restaurantes sólo trabajan
en empaques y en
restaurantes.
Es difícil conseguir trabajo en un empaque. Las agencias
de empleo temporal proveen los trabajadores hoy en día. Es
una manera de escudriñar a los trabajadores, y también
mantener a los trabajadores en movimiento. Así que un trabajador
tal vez trabaje en un sitio hoy y en otro mañana. Pero, así
como el trabajo del campo, las horas son variables según
las estaciones del año y según la cosecha. Durante
las temporadas atareadas de la cosecha, es común trabajar
turnos de 12 a 15 horas.
Al llegar a la casa, las mujeres que trabajan en los campos, los
empaques y los restaurantes tienen un segundo trabajo: el labor
doméstico. Las mujeres tienen la responsibilidad de limpiar
la casa, comprar y preparar la comida, cocinar, lavar la ropa, cuidar
a los niños y atender al esposo. Además es posible
que tengan la responsibilidad de cuidar a otro pariente de la familia
extendida.
En cuanto a los niños, la madre es tanto la transmisora
de la cultura como la cuidadora de ellos. Tiene la responsibilidad
de asegurar el éxito de los niños en el sistema educativo
formal. Seguido se desespera con esta responsibilidad porque su
habilidad de ayudar a sus hijos se limita por su falta de conocimientos
del inglés, y con la misma frecuencia, es analfabeta en su
propio idioma, el español. Ella misma no se ha adaptado al
medio social del sistema educativo estadounidense con todas sus
exigencias. Es un verdadero desafío la comunicación
y la crianza de sus hijos que cada vez son más americanizados.
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